Steve Jobs
La muerte del co-fundador de Apple generó una revisión de su legado y su revolucionario aporte a la tecnología. El hombre que convirtió ilusiones en realidad y que creó dispositivos bellos y fáciles de usar.
Personaje clave del avance tecnológico en los últimos treinta años, la muerte de Steve Jobs tras una lucha contra el cáncer de páncreas que lo afectaba desde 2004, generó una enorme repercusión en todo el mundo.
En diarios, revistas, blogs y páginas web, los analistas de turno intentaron calificar al hombre que co-fundó Apple en 1976 y que a lo largo de 34 años revolucionó la informática, la industria musical y cinematográfica, el mercado de los teléfonos móviles y el de las tabletas táctiles. Un Einstein, un Edison, un Da Vinci modernos. Un tipo que empezó en un garaje y construyó un imperio. Un visionario que transformó ilusiones en objetos reales: trabajaba para demostrar que era capaz de convertir sus visiones en realidad.
“Jobs insistió en productos de alta calidad y en construir cosas que dieran satisfacción y poder a quienes las compraban. Como a él le gustaba decir, vivía a medio camino entre la tecnología y el arte”, recordó Walter Mossberg, especialista del diario The Wall Street Journal.
Un hombre que no inventó la primera computadora, ni el primer reproductor de música en MP3, ni el primer celular con pantalla táctil y que, sin embargo, tuvo la habilidad de crear dispositivos atractivos y fáciles de usar. Con el “diseño emocional”, le dio color a los aparatos, los redondeó para que fueran “lindos” y desterró los manuales de instrucciones.
Con el primer Macintosh en 1984, el usuario por fin pudo prescindir de aprenderse los comandos de memoria y sólo tenía que hacer click en los íconos con el revolucionario “mouse”. De todos modos, la Mac fue durante años un producto para pocos hasta 2001, cuando Apple conoció la popularidad, con el iPod.
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